Todas las piedras que he recogido

Matías Serrano · 2026
Texto de sala para la exposición de Javiera Clavería A. Casona Lagos Lira, Santiago, Chile.

El efecto del enigma es el reforzamiento de la percepción;
como resultado de la adivinación parece que revisamos,
examinamos de nuevo lo que ya conocemos.

– Víktor Shklovski, Sobre la prosa literaria (1959)

La repetición, la repetición. Buscamos cosas y las repetimos. La repetición muchas veces vuelve familiares las cosas. Repetir a veces vuelve extrañas a las palabras. A veces de tanto decir una palabra la imagen mental que tenemos de ella se retuerce. Repetir, repetir. En la búsqueda de conocimiento recurrimos a la repetición para asir un mundo turbulento y de constante cambio. Hume nos dijo que repetimos para domesticar el cambio, que la repetición de conjunciones constantes nos hace depositar sobre éstas por medio de la costumbre algo llamado causalidad, la noción predictiva que nos permitiría reconocer un efecto desde una causa. En nuestro conocimiento de la naturaleza, este modelo aplica al imaginar que mañana saldrá nuevamente el sol, porque llevamos repitiendo la sensación de la noche y de su final desde que sabemos lo que es despertar. Pero la noción causa-efecto no está ahí fuera, está arrojada por nosotros y nuestro hábito. El hábito nos deja encontrar constancias, pero el mundo mismo (a la manera de Heráclito) “ha sido siempre, y es, y será un fuego siempre vivo”. Opera en sucesivas acciones de creación y destrucción, de emergencia de ensamblajes sutilmente diferentes.

Mira la arena, observa un puñado de ella. Eso que llamamos arena, repleta de cosas que nombramos como granos de arena, es de una repetición tal que nos deja sin lenguaje posible para distinguir un grano de otro. No tenemos palabras para nombrar a cada grano de arena porque la repetición nos genera hábitos suficientes depositando a todos bajo la palabra arena, pero cada grano guarda una expresión singular. La generalidad de la palabra arena me hace perder la rugosidad de cada grano. ¿Es posible, por medio de la repetición, recuperar esa textura?

Se requiere entonces cierta ingenuidad, un ligero abandono del andamiaje racional que acarreamos, para encontrar una repetición alejada de la búsqueda de causas, alejada de la taxonomía de patrones que termina por enterrar la vitalidad de la experiencia pura. Una repetición como sistema de exploración y reconocimiento, que nos permita volver a los mismos lugares a lo que ya fuimos, permitirnos la decepción de no poder sentir exactamente lo mismo de nuevo, pero así participar de una vida que se ejecuta y renueva. Si los antiguos griegos pensaban que el conocer era recordar y que por ende repetir era escarbar en el pasado, Kierkegaard propone un giro cuando dice que “la vida es una repetición, se quiere significar con ello que la existencia, esto es, lo que ya ha existido, empieza a existir ahora de nuevo”. Pero con una repetición distinta cada vez, porque tanto quien la vive como el lugar que es navegado son siempre diferentes. En esta especificidad situacional es que aparece la libertad, la posibilidad de descubrir la singularidad de cada fenómeno que se nos aparece, de apreciar misterios en los alrededores de los lugares que habitualmente transitamos, como algún detalle arquitectónico en una cornisa, un nuevo brote en un jardín vecino, una conversación de oídas, una piedra que invita a ser recogida. Un… un… un…, un…; vivir es repetir la expresividad propia de cada ocasión.

Matías Serrano

[ostranénie/extrañamiento]

Oh mis amigos aquí estoy
Vosotros sabéis acaso lo que yo era
Pero nadie sabe lo que soy
El viento me hizo viento
La sombra me hizo sombra
El horizonte me hizo horizonte preparado a todo
La tarde me hizo tarde
Y el alba me hizo alba para cantar de nuevo

– Vicente Huidobro, El paso del retorno (1948)